La asamblea de Dioses se reunía para revisar la evolución del ser humano, llevaban miles de años esperando que aquellos primeros homínidos se desarrollaran, su evolución era insufriblemente lenta y eso que les habían enseñado a tallar las piedras, cómo cultivar, cómo hacer fuego, cómo cazar, cómo hacer herramientas; pero eran incapaces de evolucionar más, quizá había llegado el momento de dotarles del “Don”.
El dilema estaba servido, ¿qué suponía otorgarles el “Don”?, sencillamente abrirles la puerta al desarrollo como dioses, ser capaces de desarrollarse por si solos y dotarles del libre albedrío para evolucionar tal y como ellos decidieran y no bajo el plan divino.
Después de muchos debates se aceptó la propuesta y un día en la Historia de la humanidad, el hombre fue dotado del “Don” de la Creatividad, desde entonces la raza humana se ha desarrollado libremente gestionando ese “Don”. El principio fue muy desalentador, pues habían pasado muchos años y el ser humano estaba lastrado por antiguas experiencias que limitaban aquel increíble poder y entre todas la más activa era el miedo, miedo a que las cosas no salieran como deseaban, miedo al dolor, miedo al ridículo, miedo al fracaso, miedo en definitiva a arriesgarse, a hacer las cosas de forma diferente. Pero poco a poco la humanidad fue superando estos miedos y cada vez era más rápida la curva de aprendizaje. Habíamos empezado a descubrir y a disfrutar de nuestro “Don”.
No sé a ustedes pero a mi me da vértigo la velocidad con que estamos evolucionando: tardamos varios millones de años durante la prehistoria para inventar la escritura y es entonces cuando empieza el despegue exponencial de los últimos 5.000 años, la arquitectura, las revoluciones sociales, los primeros inventos y qué me dicen de los últimos 100 años, y en los últimos 20 años y en los últimos 5 años...... Ya empezamos claramente a dominar nuestro “Don”.
Evolucionar es cambiar, dar un salto desde lo ya aprendido, lo ya experimentado hacia un destino incierto que independientemente del éxito del mismo nos asegura esa evolución. Y para cambiar necesitamos acometer un proceso innovador, cuestionarnos lo ya existente con ese “¿y si?” para encontrar nuevos caminos que nos lleven a cambiar a mejor. Y para hacer ese cambio, para poder tener ese espíritu innovador es para lo que tenemos nuestro “Don” La Creatividad.
Vivimos un increíble periodo de oportunidades, la crisis como muchos sabemos es un oasis de oportunidades un período en el que tenemos la posibilidad de liderar cambios, de liderar proyectos, de liderar nuevas formas de hacer. Tenemos nuestro “Don”, lo podemos potenciar mediante técnicas y buenas prácticas, es cuestión de voluntad; somos capaces de cuestionarnos y generar nuevas ideas, sin duda; pero entonces ¿qué nos impide hacerlo? Y si al final conseguimos una buena idea ¿qué nos impide desarrollarla?
Para aprender no tenemos más que mirar atrás y vemos a Galileo, Newton, Einstein o a Mesi, Fernando Alonso, Steve Jobs, Picaso, …. o a ti, ¿qué es lo que les lleva a alcanzar sus objetivos, a ser personas extraordinarias? Y si nos fijamos en equipos, un grupo de personas que lograron hacer entre todos cosas extraordinarias, ¿qué es lo que les hizo conseguir éxitos cuando nadie pensaba que lo conseguirían?
Sin duda la respuesta es su pasión, esa pasión que nos hace alcanzar nuestros sueños, que nos impulsa en cada paso y que nos ayuda cuando el camino se nos hace difícil y nos invita a abandonar. La pasión no se enseña, no hay un método, la pasión la debe encontrar el propio individuo o el propio equipo, es un autodescubrimiento de esa pasión de esa motivación que te impulsa, te mueve a la acción.
Trabajar para impulsar la creatividad, tanto con una persona como con equipos, para balancear dos funciones básicas, la mentorización y el coaching. La mentorización como acompañamiento para descubrir y probar las técnicas creativas: brainstorming, listas combinadas, desing thinking, ingeniería reversa, Osbor'n & Panes,…..... con ello se consigue conocer habilidades y dominar técnicas capaces de generar ideas. Pero es la función como Coach desde donde realmente podemos despertar tanto en los profesionales como en las Organizaciones su estilo propio para desarrollar la creatividad, autodescubriendo el entorno más adecuado para cada persona o equipo, analizando la realidad y tomando conciencia de ella, trabajando en diferentes ideas innovadoras de forma disruptiva y seleccionando la que nos facilitará el cambio de forma más eficiente en función de las oportunidades; creando una ruta, un plan de desarrollo e implantación donde reflejar en todo momento la motivación que nos lleva a ejecutarlo, y todo ello en un continuo aprendizaje de las experiencias, viviéndolas con la pasión que solo ese profesional o esa Organización pueden poner.
Artículo de Manuel Durán, coach ejecutivo y de equipos CORAOPS, certificado en Creatividad e Innovación por la Universidad Autónoma de México y la Universidad de Pennsylvania. Director de la especialidad CORAOPS Creatividad e Innovación.
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