Los 8 años que llevo dedicada a la orientación profesional y las casi 600 mujeres que he atendido en un recurso público me han llevado a especializarme y afinar más en mis deseos de apoyar a las personas. En este momento de mi carrera lo que quiero es acompañar en los procesos de toma de decisiones en los cambios de situación respecto al empleo (del no empleo al empleo; del trabajo al empleo; de la cuenta ajena a la propia; de un sector a otro, etc.). Y ésta ha sido una de las razones por las que elegí formarme en coaching, ya que es una metodología poderosísima para estos fines.
Al iniciar este proceso formativo, asumí que tendría que aprender nuevas formas de hacer las cosas (aprendizaje de primer nivel en la terminología coaching): nueva metodología, nuevas herramientas, nuevas acciones.
No imaginé que, además, tendría que desaprender algunos puntos de vista y creencias arraigadas de mi profesión. Lo que me está llevando, y espero no parar, a un aprendizaje de segundo y tercer nivel. Veamos algunos ejemplos concretos de lo quiero desaprender y/o aprender en otros niveles.
En un proceso de orientación laboral, en el que en definitiva se trata de aumentar la empleabilidad de una persona, un porcentaje bastante importante de los resultados va a depender de factores externos a la persona (situación del mercado, de la economía, situación familiar, red de contactos, etc.). Esta realidad externa acota muchas posibilidades en la intervención. Por el contrario, la esfera de trabajo en un proceso de coaching es la persona. Todo va a depender de ella, y es precisamente en eso en lo que se reside la magia de esta metodología.
Quiero aprender a creer que las personas están completas y tienen las respuestas a los retos que se plantean y acompañarlas en la búsqueda de sus propias opiniones y respuestas empoderantes. Así cambiaría mi creencia de que mis opiniones y análisis como profesional especialista son esenciales para la consecución de los objetivos de la persona que tengo delante.
Quiero cambiar mi pensamiento cartesiano, esto es, evitar hacer un diagnóstico ocupacional, siguiendo el método hipotético deductivo, en el que se parte de los hechos que nos relata la persona (desde lo biopsicosocial) e inferimos unas hipótesis de trabajo (que se van contrastando a lo largo de la intervención), para llegar a medir su empleabilidad (cuantitativa y cualitativamente).
Quiero desaprender a diseñar los itinerarios individualizados (objetivos y plan de acción). En la orientación laboral, después de hacer el diagnóstico, acotamos y definimos, consensuados con la persona, sus objetivos y las acciones a realizar según sus recursos y teniendo en cuenta sus obstáculos. En el coaching es la propia persona la que decide en qué quiere trabajar, propone un objetivo a conseguir y se le ayuda a definirlo, así como el plan de acción, según los pasos que la propia persona decida. Esta mayor autonomía conlleva una clara ventaja: aumenta la motivación y el compromiso respecto a lo que quiera lograr.
En definitiva, como coach profesional quiero aprender a escuchar los deseos y sueños de las personas ya que eso conforma el motor de su motivación para la acción; quiero aprender a enfrentarla con sus valores y que actúe con coherencia, integrándolos con sus acciones y quiero aprender a reforzarle sus creencias potenciadoras y que reformule las limitadoras.
Artículo de Mónica Buckley Iglesias, coach en proceso de certificación
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