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Resignación de las personas en riesgo de exclusión

¿De qué manera puede ayudar a las personas en riesgo de exclusión social aprender, gestionar, vivir, en una palabra convertir las emociones en productivas para su inclusión social?

Las personas en riesgo de exclusión social se encuentran en situación de desigualdad con respecto a la población “normalizada” por distintos motivos, son distintas las circunstancias que les hacen llegar a esta situación; pero como denominador común, todas ellas se sitúan ante su entorno, ante los otros, ante las dificultades, en definitiva ante su vida con un sentimiento de vulnerabilidad, a merced de las circunstancias, se dejan llevar por los demás, desarrollan mecanismos de defensa que les ayuden a enfrentarse a los conflictos y a sus dudas que lejos de esto, les dificultan más las relaciones con los demás.

Se sienten perdidos y les cuesta hacerse valer, creerse, quererse, ser conscientes de sí mismos y merecedores de una vida más saludable, más ecológica, más feliz, más encaminada a conseguir sus ilusiones, sus sueños, sus metas, sus objetivos; llegando a caer en la RESIGNACIÓN.

Hoy me quiero centrar en un pequeño colectivo dentro de este gran grupo de población. Jóvenes de entre 14 a 19 años que deciden dedicar parte de su tiempo libre a enseñar lo que ellos saben a personas mayores; por ejemplo informática.

Muchos de éstos jóvenes se ven afectados por el desempleo de sus progenitores, ausencia de los mismos, familias desestructuradas, bajo nivel socio-cultural además de económico, malos tratos psicofísicos, abusos sexuales, baja autoestima, embarazos no deseados, separación de sus países de origen, pocas habilidades sociales…

Estos jóvenes necesitan salir del estado de resignación en el que se encuentran para luchar por lo que quieren, dándose cuenta que les queda mucho por hacer, que en sus manos está la posibilidad de un cambio, de una mejora, de una transformación.

La primera acepción de la Real Academia de la Lengua dice que Resignación es una entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona.

Y Rafael Echeverría dice sobre la resignación “…alguien está en el estado de ánimo de la resignación cuando tal persona se comporta, en un determinado dominio, como si algo no pudiera cambiar…” “Lo que caracteriza a una persona, en el estado de ánimo de la resignación, es el hecho de que ella, a diferencia de otras, no ve el futuro como un espacio de intervención que le permite, a partir de las acciones que ella misma emprenda, transformar el presente”; “no sabemos qué hacer y por lo tanto no hacemos nada”.

En una primera apreciación podemos pensar que resignación y paciencia pueden ser conceptos parecidos; pero la diferencia la encontramos en que la paciencia la ponemos en práctica para alcanzar un objetivo, y la resignación supone renuncia, negación, imposibilidad para alcanzar los mismos.

Según estas reflexiones, éstos jóvenes se sitúan ante sus diferentes realidades, como en situaciones inamovibles. Consideran que la realidad es como es, y ni si quiera se dan la oportunidad de pensar que habría posibilidad de acción para el cambio, se sienten incapacitados ante las cosas que pasan. Buscan culpables ajenos a ellos para justificar su discurso (lenguaje) cerrado, incapacitante, su no acción (corporalidad) su estado de ánimo de resignación (emoción). Desde los tres subdominios de la comunicación expresan continuamente su resignación.

Con estos jóvenes tenemos que trabajar empoderándoles, analizando las justificaciones de los juicios y opiniones que tienen, viendo que tales justificaciones puede que no sean reales, o que aun siéndolas, pueden superarlas; tal y como propone Echeverría.

Tenemos que hacer un acompañamiento para pasar de la resignación a la ambición. Ambición entendida como estado de ánimo desde el que uno es capaz de darse cuenta que sí puede cambiar las cosas, que la responsabilidad recae en uno mismo, que depende de mí y no de los otros, no tengo ya que quedarme en el discurso “como mi vida es así…” Y en el caso de que haya cosas que no podamos cambiar, siempre podemos modificar la manera en que nos relacionamos con ellas.

Si nos acercamos a la etimología de la palabra “Emoción” nos encontramos que viene del latín emotio, emotionis, nombre que se deriva del verbo emovere (mover, trasladar, impresionar) con el prefijo e-/ex- (de, desde) y significa retirar, desalojar de un sitio, hacer mover. Es por eso que una emoción es algo que saca a uno de su estado habitual.

Lo que nos gusta provoca emociones productivas, porque nos mueven a la acción; y es desde el proyecto en el que participan estos jóvenes desde donde podemos acompañarles, pues será el punto inicial para ello. Hacen algo que les gusta y que les produce placer, lo que les anima a la acción para el cambio, para la transformación y en última instancia, para el logro de sus objetivos, permitiéndoles una integración social plena y real.

La RESIGNACIÓN nos paraliza pero la AMBICIÓN nos empodera, nos transforma, nos hace crecer.

 

“La resignación es un suicidio cotidiano” Honoré de Balzac

María González Herreras

 

 

Artículo de María González Herreras, coach CORAOPS

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