
Queda aún una hora de luz. Me quito el arnés, el casco y pliego la cuerda. Creí que no lo iba a encontrar y que estaría completamente solo en la cima, pero allí estaba esperándome tan pequeño como orgulloso. Me siento junto a él y resoplo impresionado. Un atardecer de una belleza primitiva y salvaje cubre todo. Algunos golpes de viento le mueven de vez en cuando. Lo miro sorprendido. Parece que habla y luego calla… habla y luego calla. A ratos un silencio absoluto. Es un pequeño árbol que milagrosamente crece enhiesto en medio del granito. Su tronco es centenario y las hojas murmuran con cada ráfaga de aire, quizás quieren contar algo suyo, íntimo. No hay prisa, puedo escucharle aquí sentado bien lejos de lo cotidiano, de los lunes que matan a más personas que todas las montañas del mundo juntas.
Como advirtió alguien: si crees que la aventura es peligrosa, espera a ver lo que la rutina y la falta de ilusiones puede hacer contigo… cree en algo con firmeza y trata de alcanzarlo.
El contexto es el adecuado, se ha construido la confianza y el ambiente deseado para el aprendizaje; no ha podido ser mejor, lo que nos ha rodeado antes y lo que nos rodea en este momento, tanto en lo físico como en el aspecto mental. Estoy en la cumbre, no solo, sino con el pequeño árbol, que me acompaña, lo he elegido como el idóneo para ese momento de estar arriba, en mi sueño, mi objetivo. Con él he establecido los compromisos y responsabilidades de ambos; él, el coach; yo, el coachee. Por mi parte, he tomado la conciencia y responsabilidad, que me han hecho llegar hasta aquí y alcanzar este objetivo, que era para mí, importante, personal.
He conseguido lo que tanto tiempo llevo esperando, dentro de la rutina profesional, que ya forma parte de mi vida y de la que no lanzaré ninguna queja, porque es la que me permite tener los bienes materiales y, entre otras cosas, estar aquí y ahora. He conseguido el objetivo, específico, medible, acordado y en tiempo, antes del anochecer. Le he añadido el plus que necesita para tener más valor: ha sido un reto, ha sido motivador, ha dependido de mí mismo, naturalmente ético, muy positivo y con un toque sistémico.
He explorado la realidad, mi realidad, con el apoyo de ese árbol que pese a todas las inclemencias, continúa allí y que aunque no lo conocía estaba en mi mente, existía allí y claro, allí estaba, esperándome y acompañándome, ha sido mi espejo. He saltado obstáculos, limitaciones y he visto mi propia realidad, él ha empleado un lenguaje donde no aparecen los juicios y sí los hechos. Las conversaciones han sido del todo productivas, los subdominios han estado totalmente integrados y he conseguido la coherencia y el desarrollo como persona. He crecido.
He aprendido, de manera activa y efectiva, aceptado y comprendido mis emociones, eligiendo la respuesta más productiva ante ellas. Las ha habido, y muchas.
Las opciones no eran demasiadas, básicamente consistía en tomar la de “llegar” o “no llegar” y por donde hacerlo, por qué camino y elegí, “llegar”, a pesar de lo que pudiera ocurrir, con firmeza. La diferencia entre la situación inicial y la deseada, con el espejo de ese árbol que había llegado mucho antes que yo y que seguía allí, era como una puerta que se abre, que se llama oportunidad. Me he dado cuenta que poseía todas las respuestas y han emergido, me he visto acompañado.
He comunicado cómo lo iba a hacer y lo he comunicado a las personas que les podía interesar. He identificado los recursos, de los que disponía y los que me iban a hacer falta para conseguir el objetivo. He especificado las acciones concretas que iba a emprender y los plazos que me había marcado para iniciar y andar el camino. Me he sentido responsable, parte de la solución, él me ha empoderado, sin palabras, con hechos, me he sentido reflejado.
Durante el periodo de generar la ilusión, quería alcanzar ese objetivo, de preguntarme ¿para qué?; después pensando cómo lo iba a conseguir y durante el largo camino hasta su consecución y una vez alcanzado, he hecho unas reflexiones de seguimiento, he identificado obstáculos y limitaciones (yo mismo era el principal). Me he sentido animado y después felicitado por mi coach vivo y animado, me ha fomentado la autoestima y la confianza y me ha dado la autonomía necesaria. El resultado final me pertenece, lo sé; sin embargo, no lo habría podido obtener sin su presencia y apoyo. Ahora me queda el descenso al valle.
Gracias a un árbol de algún lugar del Pirineo.
Artículo de José Ribés Pantoja, Coach CORAOPS® de nivel 1(Revisado por ICE Coaching)

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