Sentir, pensar y hacer de forma diferente - Desarrollamos organizaciones y personas

La capacidad de comprometernos es inherente a nuestra naturaleza e influye en nuestras relaciones interpersonales y en la consecución de los objetivos. El compromiso te lleva a priorizar.

Si te fijas en dónde pones el foco, te darás cuenta de en qué estás más comprometido. Por  ejemplo, si pasas más de catorce horas trabajando, estarás más comprometido con tu trabajo que con tu familia; si dedicas diariamente un tiempo al deporte y cuidas tu alimentación, estarás comprometido con cuidarte, y si pides una excedencia temporal tras el nacimiento de tu hijo, estarás más comprometido con la crianza del bebé que con tu carrera profesional.

El compromiso supone elegir una cosa y renunciar a otra. Es importante preguntarte con qué estás comprometido en cada situación, fijar un objetivo y poner en marcha las acciones para conseguirlo. Otro aspecto a considerar es el sentimiento que se genera cuando te comprometes con tu objetivo, que será diferente si te relacionas desde la obligación o desde el compromiso.

Por ejemplo, cuando dices: “Tengo que aprender inglés para promocionarme en mi trabajo”, y continúas explicando: “Es lo que hay si quiero promocionarme…”, “Las cosas son así, no hay elección”, “Si no lo hago, me temo las consecuencias…”, posiblemente la corporalidad irá acorde, y la emoción generada será de desgana, desilusión y falta de compromiso. En definitiva, te estarás relacionando desde la obligación. Y también puede darse la circunstancia de comprometerte a priori con alguien o con algo y no ser capaz de cumplirlo. En este caso, el compromiso se vuelve obligación, pero si lo rompes, incumplirás tu compromiso.

¿Qué actitudes debes adoptar para manejar bien un compromiso?

1 Identifica si te relacionas desde la obligación o el compromiso con lo que te propongas. Sabrás distinguirlo por la motivación que sientas, por lo enfocado que estés hacia ese objetivo y por la prioridad que le des respecto de otras cosas. También por tu capacidad de no desistir con
facilidad aunque surjan adversidades en el camino.

2 Sopesa los beneficios, costes y posibles riesgos del compromiso antes de decidir si seguir adelante.

3 Renegocia o rompe el compromiso cuando lo creas necesario. Eres libre de decidir qué hacer en cada momento. Ahora bien, si te dedicas a modificar y romper tus compromisos continuamente, tu imagen pública se verá dañada y afectará a tu credibilidad.


equipo maiteArtículo de Maite Gómez Checa, Coach Ejecutivo Senior por la Metodología CORAOPS, acreditada Senior por ICF y AECOP, y socia de ICE  Coaching.  Directora Académica del Curso Superior de Coaching Ejecutivo de la  Universidad Autónoma de Madrid.

Para la revista Psicología Práctica, nº 165.

 

Comentarios (1)

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