Las pymes, en los últimos diez años, recuperaron modelos de trabajo colaborativo que les permitía innovar y desarrollar en su oferta de servicios reduciendo costes de contratación. De esta manera, resurgió una forma de trabajo que abordaba los proyectos sobre bases de co-creación y co-desarrollo compartiendo el conocimiento de los equipos. En algunos casos, se cuestionaba el know-how que podía aportar cada uno. En cualquier caso, este formato irrumpió con fuerza como un modo optimizado de trabajo y que establecía nuevas relaciones profesionales.
Con el transcurso del tiempo, puede comprobarse que una de las claves de su éxito radica en la relación de confianza que se construye entre los miembros del equipo. Y un reto es asegurar una relación equilibrada. En ocasiones, un emprendedor se embarca en colaboraciones de una forma irracional pero intuyendo que abrirá alternativas de sostenibilidad profesional u obtendrá un beneficio a veces intangible. Formar parte de proyecto de cocreación o de una comunidad profesional tiene múltiples valores como el aprendizaje, el sentido de orgullo y pertenencia a una marca, una inyección de autoestima ó simplemente la motivación de ponerse a prueba ante un nuevo reto. Una continua dificultad de sostenibilidad es equilibrar la balanza de cómo nos sentimos reconocidos, remunerados y la toma de decisiones en la cocreación. Especialmente, si hay exceso de líderes en el equipo o si pensamos en esquemas de retribución de precio/hora.
El modelo funciona si se tienen claros los objetivos y si se siente que el conocimiento se comparte. Además, se potencia si lo alimentamos de mucha motivación, ilusión, generosidad, espíritu conciliador, una comunicación efectiva y un chequeo continuo de los acuerdos y las emociones de cada co-creador. Las "verdades en parte" de los colaboradores del equipo, puede fácilmente ponerles en contra y son el detonante de un tsunami que se lleva por delante todo el trabajo realizado. La dificultad del equilibrio en los acuerdos de cocreación radica, entre otras cosas, en la falta de reconocimiento por el trabajo, en las interpretaciones subjetivas de las condiciones del acuerdo y en la remuneración económica (sobre todo, cuando empiezan a ganarse los proyectos).
Si la cocreación funciona, vivimos en un ecosistema de aprendizaje. La confianza es garantía de éxito para que los cocreadores se sientan remunerados equitativamente entre ellos, tanto en lo emocional como en lo tangible.

Artículo de Miguel Richante, Director de Estrategia y Negocio en ICE CORAOPS

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