Imaginemos un escenario laboral donde la experiencia en gestión de emociones es requerida a través de niveles de acreditación demostrables, y alineados con el puesto a desempeñar. El modelo mental de un individuo puede trabajarse desde el coaching. Integrar este aprendizaje (de tercer nivel) en nuestro curriculum supone una garantía al incorporarse a una organización. ¿Un carné de competencia emocional?
Simulemos una oferta de empleo:
- Estudios mínimos: Licenciado en X
- 5 años de experiencia en X
- Nivel profesional de inglés, hablado y escrito, demostrable
- Dominio avanzado de X aplicaciones informáticas
- Capacidad de relación e interlocución. Capacidad de trabajo en equipo. Capacidad de trabajo bajo presión.
- Flexibilidad. Creatividad.
- Gestión emocional, tipo X, demostrable.
Con esta simulación quisiera poner la lupa en el último requerimiento (ficticio). Qué eficiente sería poder establecer y acreditar distintos niveles de gestión emocional, como se acredita un tipo de carné de conducir, el nivel de un idioma o de estudios. Especialmente porque no todos los trabajos requieren el mismo tipo de autogestión emocional, igual que no en todos los trabajos se habla inglés, ni se requiere carné de conducir camiones o un grado superior.
Un portal de empleo recogía recientemente las características de distintas profesiones. Así por ejemplo, según este portal, el oficinista debe reunir lo siguiente: buena presencia, capacidad de concentración, paciencia para estar en un mismo espacio físico, ser respetuoso con los demás y organizado. Sin embargo, para el cajero de un supermercado se prima experiencia, capacidad de enfrentarse a estrés y trato agradable.
Personalmente, este tipo de requisitos me resuenan así como: haz con tus emociones lo que puedas pero que no se noten en el equipo, menos aún que afecten al negocio, no te pongas nervioso bajo ningún concepto, y todo siempre sonriendo. ¿En general se espera que “se ahoguen” las emociones? Si se sabe que siempre afloran, y que bien canalizadas son un recurso potentísimo, con la ventaja adicional de que se contagian, el avance definitivo es considerarlo un aprendizaje que hay que realizar más pronto que tarde, y alinearlo con nuestra actividad (como hacemos naturalmente con la informática, los idiomas, etc.)
Ni siquiera los actores, músicos o bailarines son rehenes de las emociones. Si un músico se pone muy emocional, no acertará a colocar los dedos. Y si los actores interpretaran desde emociones completamente reales, estarían fuera de control. Este tipo de profesiones pertenecerían a otro nivel de esta hipotética certificación emocional, la de los que tienen en las emociones su material de trabajo con una gestión muy específica. Los intérpretes son el ejemplo más claro de quien prepara sus sentimientos para trabajar. Opino que, con distintos matices e intensidades, casi todas las profesiones debieran hacerlo.
Afortunadamente existen numerosas y accesibles publicaciones acerca de inteligencia emocional, pero leer es información, y no resulta suficiente porque el aprendizaje requiere acción y experiencia. Reconocer los sentimientos propios, administrarlos, automotivarse, así como reconocer los sentimientos de los demás y reaccionar correctamente ante ellos, mantener el equilibrio en momentos difíciles sin dañarse uno mismo ni a los demás… En el viaje del aprendizaje transformador, la linterna del coach ofrece la oportunidad de sacar lo mejor de nosotros mismos y obtener resultados extraordinarios, partiendo de que nadie puede llegar a conocer nuestro mapa emocional mejor que nosotros mismos, ni lo que queremos hacer con él.
Imaginemos un futuro cercano en el que al presentarnos a una entrevista de trabajo digamos: “el puesto x requiere la preparación emocional que puedo acreditar, he trabajado estas competencias con mi coach, he seguido el plan de acción correspondiente para este objetivo que quiero, alineado con el puesto ofertado. Cuando la realidad requerida sea otra, abriré las opciones para redefinir el objetivo e ir a por él. He aprendido la gestión de emociones de este perfil, y es desmostrable”.
¿Quieres aprender a trabajar tus emociones y las de tus coachees?

Artículo de Laura Ávila Arrabal, Coach CORAOPS

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