Cómo la Metodología CORAOPS® se ha integrado en mí día a día hasta convertirse en la columna vertebral de mi actividad como coach. El proceso dentro del proceso.
Contexto
Cada fin de semana salgo de mi “zona de confort” para navegar en una zona de expansión donde todo es posible: el coaching. Sin prisa pero sin pausa, esta zona de expansión se ha convertido en una nueva zona de confort, donde el trabajo es gratificante: nuevas preguntas y nuevas respuestas, nuevas técnicas y nuevas capacidades, límites que superar, barreras que romper, todo ello aderezado con lecturas y feedbacks reveladores y revulsivos. Zona de expansión confortable, donde el riesgo se mide en altas dosis de energía positiva. El entorno perfecto para equivocarse, rectificar, crecer y descubrir. A mi alrededor todo es seguro. Prácticas reales, vivencias reales, emociones reales. El contexto propicio y propiciador.
Tras esta “energizante” zona de expansión, agazapada en el tiempo que está por venir, se esconde mi zona de pánico, el territorio inexplorado donde habita el coachee desconocido, el que un buen día me contratará para acompañarle a que enfoque un problema concreto.
Objetivo
Atravesar la frontera entre mi zona de confort y mi zona de pánico es la prueba de fuego. Y allá voy, en busca de mi sueño. Es el momento de desplegar mi vocación desde el más sincero respeto, con pasión y toda la fuerza posible, hasta el lugar donde reside mi objetivo de ser un excelente coach ejecutivo y hacerlo tangible, medir resultados, ponerle horarios y precio. Vivir de acuerdo a mis convicciones.
Realidad
Ocurrió entonces. Reconozco que me invadieron mariposas, me hacían cosquillas en el alma; emoción, alegría, responsabilidad, son tantas y de tantos colores que describirlas me llevaría todo el día y no quisiera aburrir. Si, mariposas (al parecer se trata solo de adrenalina, pero yo prefiero llamarlo mariposas) y es fantástico cómo te hacen sentir. Sea como fuere, por fortuna, casualidad o porque la pasión me desborda cuando cuento que ya soy coach, cuando declaro que puedo hacerlo desde la humildad y la honestidad, ocurrió lo que menos esperaba: la primera coachee apareció y decidió confiar en mis habilidades para acompañarla, para guiarla a desarrollar sus competencias y vivir un poco mejor. Hoy las mariposas habitan en mi realidad y sé que han venido para quedarse.
Aprendizaje
La coachee compartió conmigo su incapacidad para hablar en público, su profunda frustración y cómo esta limitación le perjudica en su desarrollo profesional. Le propuse sesiones de coaching. Ella aceptó el reto y yo el compromiso. Manos a la obra. Revisé los conocimientos adquiridos durante el aprendizaje iniciado hace unos meses. Si, ahí están todas las herramientas necesarias para poner a disposición del coachee, las preguntas poderosas, los cambios de observador, trabajar creencias y emociones. Mi continuo “aprendiendo”. Es ella, la coachee, quien con su voluntad, autoestima, paciencia, compromiso y responsabilidad alcanzará su objetivo. Existen certezas: mi trabajo apasionado y apasionante, y todas las habilidades aprendidas puestas al servicio de quien ha depositado su confianza en mí: la coachee.
Opciones
Le propuse diferentes opciones de plazos, métodos de trabajo, compromisos, herramientas que utilizaremos, alcance y precio. Mis “seis yoes” hablamos largo y tendido hasta llegar a un acuerdo formal. La coachee, divertida y satisfecha, sabe que por siempre será la primera. Coach y coachee, juntas en este proceso de ósmosis, compartimos la emoción de un momento mágico para mi: la primera vez. Y esto es un regalo único, irrepetible, que guardaré por siempre en mi memoria y en mi corazón.
Plan de acción
Permitir que las emociones encuentren su espacio y, es más, convivan apaciblemente con la responsabilidad de mi trabajo como coach, implica reconfigurar la zona de pánico y que ésta se convierta en permanente zona de expansión vital. Es aquí donde llevo a cabo mi plan de acción para ser y vivir como coach y lo que ello implica: reflexión y armonía. Responsabilidad y consciencia.
Seguimiento
Saber que la coachee con quien trabajo hoy se siente cómoda en el proceso y confía en el coaching como la alternativa viable y efectiva para conseguir su objetivo, me motiva para esforzarme y hacerlo mejor día a día. Ser invitada a su primera conferencia tras el proceso de coaching que vivimos juntas es una bonita manera de hacer el oportuno seguimiento del proceso, la prueba de sus logros y el colofón perfecto de lo que sólo una vez puede ser definido como LA PRIMERA VEZ, y además la satisfacción del trabajo bien hecho.
Desde aquí quiero dar las gracias de todo corazón a D.C.. Ella siempre será mi primera coachee.
Estas líneas quieren ser el testimonio de cómo CORAOPS ha estado presente en mi experiencia de postularme como coach. Entender el coaching como un proceso sólido y solvente, basado en una arquitectura firme y articulada, es mi modelo para ofrecer este servicio tanto a personas como a empresas, desde la convicción de su utilidad y la seguridad de los resultados.

Artículo de Raquel de Francisco Domínguez, Coach CORAOPS
Comentarios (1)