Sentir, pensar y hacer de forma diferente - Desarrollamos organizaciones y personas

Mandala Hace poco tiempo que he tenido la oportunidad de asistir a un curso de creatividad e innovación y, como primer ejercicio, se nos proponía a los participantes rellenar un buen número de círculos, dibujando con ellos ideas diferentes en un tiempo que me parecía casi imposible. Más allá de la cantidad, naturaleza y variedad de las ideas que pusimos en juego cada cual, el formador concluía que tendíamos a resolver el ejercicio en una forma limitante, al menos si se comparaba con la forma de afrontar el mismo ejercicio por los niños.

Nos explicó cómo ellos explotaban al máximo las posibilidades del ejercicio sin sufrir las limitaciones que los adultos veíamos (sólo ocupábamos el área interior del círculo y no el área exterior por ejemplo para dibujar el sol)y también cómo nuestra educación nos restaba así posibilidades creativas en múltiples ocasiones (nos enseñan a colorear sin salirnos del contorno desde niños). Analizamos de paso algunos de los factores culturales que ejercían como elementos limitantes y eso me resultó claramente conectado con el ejercicio del Mandala una vez lo comencé.

También en relación a nuestra vida profesional hemos sido frecuentemente entrenados para orientarnos a lo práctico y a lo seguro. Nuestra familia, educadores y la misma sociedad, luego nuestros compañeros y jefes han influido para orientarnos de una forma más o menos directa hacia un desarrollo profesional de éxito tratando siempre de dar pasos firmes y siempre construyendo sobre lo ya construido. En definitiva, la mayoría de nosotros hemos sido entrenados para no salirnos del círculo al que nos referíamos antes. Y así solemos hacerlo.

El ejercicio del Mandala me ha permitido saltar por encima de todas esas fronteras y, a partir de las imágenes, rescatar aspectos de mi vocación más profunda, retándome a plantarme sin más, un futuro sobre el que construir un presente imaginado. Verme entre mis compañeros tirado como un niño por el suelo entre recortes de revista, pegándolos sobre una cartulina y dejando surgir la historia que quería situarse detrás, ha sido una forma estimulante de meterme en mi yo más libre. Pero la construcción del argumento exigía aterrizar, pasar del sueño a la visión; y era ahí donde mi yo adulto, cargado con sus experiencias y contexto actual establecía los pasos lógicos a dar, para, desde ese futuro ideal como estado presente, saber qué cosas habían pasado por el camino: mi plan de acción. Me encontraba entre dos yoes que ponían en juego lo mejor de cada casa.

Lo he vivido en el fondo como un juego de regreso al futuro, porque creo que no es la primera vez que he estado allí. He visitado secretamente ese mundo en ocasiones y seguramente no me haya permitido decírselo a nadie, temeroso de que me fuera a salir del guión, del círculo de seguridad, de soñar más de la cuenta y distraerme de las complejas obligaciones e importantes compromisos de mi día a día; de sentirme siquiera tentado de abandonar un terreno conocido. Seguramente he cruzado en ocasiones el espacio entre ese futuro y mi presente, ya pasado, sin necesidad de usar complicadas máquinas, sino tan sólo liberando los mecanismos que ataban mi mente a través de un sencillo juego de evocación.

Y es que detrás del Mandala he vuelto a ver mi vocación; ha sido como volverme a asomar al conjunto de aspectos que constituyen lo que quiero ser o estoy llamado a ser, pero integrándolo con todo lo que hasta ahora he vivido. Creo que podría denominarlo mi brújula interior.

¿Se parecerá la vida que imaginé el pasado 1 de marzo a la que realmente esté viviendo dentro de tres años? Pues dentro de ese tiempo me prometo releerme estas notas. Creo que seguro que se parecerá más de lo que lo hubiera hecho sin haber pasado por el proceso. Seguro que el grado de cumplimiento del Mandala estará en función de cuánto partido haya sido capaz de sacar de todo lo que de mí depende. Sin duda habrá otros factores externos y habrá resultados que no se alineen con lo que hubiera querido en principio, pero al igual que en una regata, la visión del Mandala serála referencia más allá de las olas, la brújula interna que nos permite mantenernos firmes en el rumbo. En sentido estricto, las aves migratorias disponen de una capacidad similar que les permite “ver” su dirección leyendo el campo magnético terrestrea través de una región del cerebro determinada y ello las permite orientarse cuando han de cruzar amplios espacios indiferenciados, por tierra o mar.

La sincronicidad, confío, irá teniendo lugar, como resultado de un efecto de alineamiento entre acciones y Visión. Algunas cosas habrán de quedar por el camino y otras nuevas deberán de incorporarse para formar parte del recorrido. Ser conscientes de nuestras fortalezas y de nuestros apoyos es sin duda muy necesario para reforzarlos, entrenarlos, cuidarlos…, especialmente cuando se trata de personas. El caer en la cuenta de que son tales apoyos para nosotros, no es para nada baladí. Ese ha sido otro valor que he encontrado en el ejercicio.

La comunicación pública es sin duda un hecho de la máxima importancia; nos hace enfrentarnos a nosotros mismos, quedar comprometidos con nuestros interlocutores, oyentes, contactos, seguidores de Twitter o cualesquiera otros mecanismos de comunicación. Y precisamente por el compromiso y programación mental que genera la comunicación pública, he podido ver como yo mismo he dado en los dos últimos dos meses más pasos en dirección a mi Visión, de lo que lo he hecho en los últimos dos o más años, periodo aproximado desde que estoy comenzando a revisar mi futuro profesional.

Creo finalmente que se trata de un ejercicio de gran valor estratégico dentro de un proceso de coaching. Sólo pondría la salvedad de aquellos casos en los que pueda quedar comprometida la libertad para imaginar otros futuros profesionales si el coaching está promovido desde la empresa. Quien se sienta encorsetado en alguna medida por las condiciones de contorno en la realización del ejercicio, podría no llegar a conectar profundamente con su voz interior y por consecuencia no extraer de él todo lo que puede ofrecer; salvo en ese caso, el potencial me parece enorme.

 

José Alberto de la Torre, coach CORAOPS

 

Reflexión sobre la jornada de mandala y visión que realizamos durante el Curso Superior de Coaching Ejecutivo Profesional, escrita por José Alberto de la Torre, Coach CORAOPS y Jefe del área de Estructuras - Edificación en Ferrovial.

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